En Calpe el producto dominante no es el apartamento sino la vivienda unifamiliar: villas y chalets con parcela, muchos de ellos construidos y reformados por fases a lo largo de décadas. Esto obliga a una comprobación que en un piso rara vez hace falta: contrastar la superficie y la descripción del Registro de la Propiedad con las del Catastro y con lo que hay realmente construido. Piscinas, ampliaciones o porches cerrados sin declarar son frecuentes, y regularizarlos después de comprar corre por cuenta del nuevo propietario.

El municipio tiene además un frente litoral muy marcado por el Peñón de Ifach y su entorno protegido. En parcelas próximas a la costa hay que tener presente la servidumbre de protección que establece la legislación de costas, que limita lo que puede construirse o ampliarse. Si tu intención es reformar o edificar, conviene confirmar con el ayuntamiento qué permite el planeamiento antes de cerrar la compra, no después.

Un detalle práctico que sorprende a los compradores extranjeros: el municipio aparece con doble denominación, Calp y Calpe, y la documentación oficial —registro, catastro, recibos municipales— puede usar una u otra forma. No es un error ni afecta a la validez de los documentos, pero conviene saberlo al cotejar escrituras, notas simples y recibos del IBI.