Torrevieja tiene una de las proporciones de población extranjera más altas de España, y su mercado es sobre todo de segunda mano: bungalós, adosados y apartamentos dentro de urbanizaciones con zonas comunes. En este tipo de fincas, dos comprobaciones marcan la diferencia antes de firmar: que la descripción registral coincida con lo que realmente se está comprando —porches cerrados, solárium cubierto o ampliaciones hechas con los años suelen no estar inscritos— y que no haya deudas pendientes con la comunidad.

El segundo rasgo es la antigüedad de una parte del parque de vivienda. Muchas propiedades se construyeron antes de que la cédula de habitabilidad fuera la exigencia habitual, y al venderlas hay que renovarla o tramitarla de nuevo para poder dar de alta los suministros a nombre del comprador. Cuando la vivienda procede de una herencia, se suma la comprobación de que la sucesión esté correctamente inscrita en el Registro de la Propiedad.

En lo fiscal, el perfil dominante es el propietario no residente que pasa temporadas. Eso concentra el trabajo en el Modelo 210 y en un problema muy repetido: llegar con varios ejercicios sin presentar. Regularizar por iniciativa propia, antes de que la Agencia Tributaria lo requiera, reduce de forma sustancial los recargos, y es preferible hacerlo antes de vender, porque en la venta aflora todo el historial del inmueble.